Guerra Civil y Posguerra

El esplendor de la Belle Époque en la Gran Vía quedó truncado por la Guerra Civil, tres años en los que la arteria se convirtió en el reflejo de la difícil vida de los madrileños. Si en los primeros meses no se vieron alterados los paseos por sus aceras o el café en sus terrazas, a partir del invierno de 1937 los violentos bombardeos hicieron que se la empezara a conocer castizamente como La Avenida de los Obuses.

A lo largo de los tres difíciles años que duró el enfrentamiento bélico, la Gran Vía recibió varios nombres oficiales, según sus tramos: Avenida de la CNT, Avenida de Rusia o Avenida de la Unión Soviética fueron algunos de ellos.

El edificio de la Telefónica se convirtió en puesto de observación del General Miaja, atento a los movimientos del cercano frente de Argüelles, y muchos establecimientos protegieron sus fechadas con sacos ante los constantes ataques de la aviación franquista.Al final de la contienda, la Gran Vía, que pasó a llamarse Avenida de José Antonio desde abril de 1939, recuperó su fisonomía y poco a poco su esplendor. De nuevo abrieron cines, teatros, y terrazas, aunque con las limitaciones que imponían las cartillas de racionamiento. Se rehabilitaron los edificios dañados y los comercios recuperaron el pulso cotidiano sin olvidar el terrible episodio: la fachada de Samaral aún conserva como testimonio un agujero hecho por la metralla.

Chicote se convirtió en el símbolo de esta resurrección, a pesar de adquirir fama por ser el lugar donde conseguir las primeras dosis de penicilina de estraperlo que llegaron a España. En su barra se volvieron a reunir los artistas que no partieron al exilio y la flor y nata de la nueva sociedad de la capital.

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