El proyecto
En el mes de agosto de 1898, el alcalde de
Madrid, Álvaro
de Figueroa y Torres, conde de Romanones, ordenó a los arquitectos municipales
Francisco Andrés Octavio y José López de Salaberry que realizaran el estudio
para la formalización material de la nueva Gran Vía. Octavio y López de Salaberry
redactaron el proyecto a lo largo de los dos meses siguientes. Culminaron su
trabajo un 26 de octubre de 1898. La nueva Gran Vía se estructuraría por tres
calles de distinta dirección y anchura, denominadas respectivamente Avenida A,
comprendida entre las plazas de San Marcial y del Callao; el Bulevar,
comprendido entre la plaza del Callao y la Red de San Luis; y la Avenida B, comprendida
entre la Red de
San Luis y la calle de Alcalá. Su longitud total alcanzaría los 1.316 metros y a lo
largo de su desarrollo alternaría los anchos de 25 metros para las
avenidas A y B y los 35 para el Bulevar. El proyecto debió esperar aún doce
largos años hasta que un 4 de abril de 1910 el rey Alfonso XIII golpeara la
pared de la casa del Cura de San José con una piqueta de plata. Con este acto
protocolario comenzaban las obras de la Gran Vía.
Los números que acompañaban al primer contrato de construcción hablan de
una obra colosal para el Madrid de los inicios del siglo XX: la obra afectaría
a un total de 141.510
metros cuadrados, que abarcaban los 101.409 metros cuadrados
destinados a parcelas edificables y otros 40.101 metros cuadrados
destinados a vía pública. En esa obra se demolieron trescientas doce casas para
formar trescientos cincuenta y ocho lotes de terreno, agrupados en treinta y
dos manzanas de nuevo trazado. Esa magnitud forzó al Ayuntamiento a abordar las
obras de construcción de forma paulatina, tramo a tramo: el primero, que afectó a la Avenida B, se desarrolló
entre el 4 de abril de 1910 y mayo de 1917, demorándose en algunos casos hasta
el 18 de julio de 1924; el segundo, circunscrito al Bulevar, desarrollado entre
septiembre de 1917 y principios de 1921, con retrasos en algunos puntos hasta
el 20 de agosto de 1927, y el tercero, dedicado a la Avenida A, iniciado en
16 de febrero de 1925. Las asépticas denominaciones del proyecto original se
bautizaron respectivamente como avenida del conde de Peñalver, calle de Pí y
Margall y, por último, avenida de Eduardo Dato.
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